Metodologías para la optimización de la cadena de valor

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Producir con eficiencia, mejorando continuamente la calidad de productos y servicios para obtener la mayor rentabilidad posible, es el reto más importante de las empresas. Lograrlo no es fácil: aún en esta época de continuos avances tecnológicos que se van incorporando a las industrias, el funcionamiento de las mismas depende en gran medida de proveedores, así como de organismos tanto privados como públicos, lo que, sin duda, incide en la fluidez de la cadena de valor.

 

Aún cuando el concepto fue introducido por Michael Porter en la década de los 80 del siglo pasado, nadie duda de la vigencia de la cadena de valor como criterio de seguimiento del proceso productivo, entre otros objetivos, para identificar oportunidades de mejora y detectar problemas en cualquiera de sus fases que pudieran afectar las operaciones en su totalidad.

La cadena de valor puede definirse como la sucesión de etapas que integran la elaboración de productos o la prestación de servicios de una empresa, de acuerdo con su naturaleza y objetivos; es decir, desde el contacto con los proveedores y la recepción de materia prima hasta la distribución y venta del producto terminado.

En este sentido, las corporaciones que mantienen un seguimiento constante de su cadena de valor, casi siempre son líderes en sus segmentos de mercado, ya que este control les permite incrementar la eficiencia en cada proceso, fabricar productos o prestar servicios de óptima calidad, minimizar costes, prevenir defectos e integrar con éxito sus procedimientos y objetivos.

Aunque el consumidor final desconozca todos los detalles de la producción de los productos y servicios que adquiere, la preocupación de los empresarios debe centrarse en mantener la armonía en la cadena de procesos y en mejorar continuamente los mismos, para lograr la satisfacción de las expectativas del cliente y su fidelidad a la marca.

Ahora bien, ¿cuál es la metodología ideal para optimizar la cadena de valor en las corporaciones? Desde que se puso en práctica el modelo de gestión que nos ocupa, han surgido diversos planteamientos y herramientas para hacerlo cada vez más eficiente. A continuación, analizaremos brevemente tres de ellos: el
marketing relacional integral (MRI), el lean management y la economía digital.

 

El marketing relacional integral

El marketing relacional integral  (MRI) reúne una serie de procedimientos de planificación estratégica, marketing y análisis de negocio, enfocados en alcanzar relaciones armónicas y productivas entre los miembros de la cadena de valor, insistiendo en un criterio de intercambio win-win donde cada “eslabón” es tratado y considerado como socio de la empresa, porque cada uno de ellos, desde su posición, está involucrado con los objetivos de ésta.

La aplicación del MRI en el vínculo con los proveedores ha demostrado resultados beneficiosos en cuanto a costes, plazos de producción y entrega de materias primas o prestación de servicios, lo que ha generado, además, intercambios positivos e impulsos decisivos hacia la optimización constante en el ámbito de toda la cadena de valor.

Del mismo modo, la puesta en práctica de esta línea de acción en la relación con los canales de distribución, ha permitido obtener información valiosa sobre tendencias y expectativas de los consumidores, así como detectar estrategias de la competencia.

 

Lean management

El propósito del lean management es nivelar los procesos productivos y el tiempo de trabajo a la demanda tangible del mercado, es decir: producir lo necesario en el momento necesario. La aplicación de tal premisa persigue incrementar la capacidad y confiabilidad de cada procedimiento, además de generar ahorro en inventarios, espacio y tiempo. Esta metodología pragmática, creada e implementada por la empresa japonesa Toyota, se apoya en cinco principios:
 

  • Identificar el Valor: definir todos los atributos de un producto o servicio para cumplir con las expectativas y requerimientos del consumidor, al precio que éste puede pagar. Todo lo que no aporte valor añadido, bajo la perspectiva del cliente, es despilfarro.
     
  • Definir los Procesos: integrar todos los procedimientos necesarios para elaborar y llevar al mercado un producto o servicio, desde el diseño y la selección de materias primas y proveedores hasta la distribución y venta al cliente. Entre todos ellos, la comunicación debe ser recíproca y constante.
     
  • Crear el Flujo: desde que el consumidor demanda un producto, todos los procedimientos y gestiones deben realizarse sin parar, fluyendo y concentrándose en aportar valor añadido a éste. Las paradas y esperas implican gastos innecesarios.
     
  • Establecer Demanda: según este principio, es la fase final de un proceso la que genera una señal Kanban o solicitud de producción a la fase inmediatamente precedente y, desde ésta, en cadena, se van dando las mismas señales para cumplir lo requerido por la fase final. Así, sólo se produce lo necesario, en el momento necesario y en la proporción necesaria.
     
  • Perfección: la optimización continua (kaizen, en japonés) es la punta de lanza de la metodología Lean y el principal propósito de ésta es reducir el despilfarro y alcanzar la excelencia operativa.

 

Economía digital o industria 4.0

Más allá de ser una opción en la optimización de la cadena de valor, la economía digital se manifiesta como un modelo de negocio cooperativo en el sentido de la interrelación entre empresas establecidas en el mercado y las llamadas startups que están en plena fase de desarrollo. Conocido también como “industria 4.0”, este concepto abarcaba originalmente la conexión constante entre todos los involucrados en el proceso productivo, comunicándose y apoyándose mutuamente para impulsar mejoras en la cadena de valor. Este intercambio se ha sustentado en los smart devices (dispositivos inteligentes): sistemas que evolucionan continuamente a través de procesos de aprendizaje.

El fenómeno llama poderosamente la atención: gran cantidad de empresas en Europa han comenzado a establecer departamentos de
startups internos; de esta manera, hacen frente a la evolución del mercado y fortalecen su comunicación con los clientes. El modelo de estas áreas varía desde “incubadoras” y “aceleradoras” hasta innovation labs. En ellas, las startups encuentran el apoyo que requieren para desarrollar sus proyectos. En compensación, las compañías anfitrionas incrementan su cartera de productos y servicios o integran tecnología para brindar a los usuarios una experiencia innovadora.

Un caso de éxito en este sentido es
W1 Forward Insurtech Accelerator, en Munich, proyecto en el que se unieron las diez compañías aseguradoras más influyentes de Alemania, para auspiciar el desarrollo de startups, con la finalidad de crear productos novedosos en ese ramo.

 

Recomendación final

Las tendencias aquí analizadas presentan, entre ellas, diferencias muy marcadas en cuanto a conceptos, procedimientos y herramientas aplicables a la optimización de la cadena de valor. Obviamente, no son las únicas, por lo que, es recomendable que las empresas interesadas en poner en práctica una metodología que busque la mejora continua en todas las fases de su proceso productivo, investiguen entre todas las opciones y elijan la más apropiada para su caso y necesidades.
 

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